Por la tarde, justo ese horario donde la televisión ya no es apetecible y la música después de tantos días, ya cansa, me siento a mirar la ventana como cae la lluvia (¡Qué hermosa lluvia! aún así no deja de aburrirme...) y las goteras de mi casa ya no saben por donde filtrarse, precisamente una imita el sonido de un reloj en medio del silencio, chocando cada gota con el fondo del balde que esta intentando llenar. Una gota (tic), dos gotas (tic), dos gotas seguidas (tic, tic). Es relajante e irritante a la vez, no puedo estar quieta tanto tiempo. No tengo sueño para ir a dormir, y si me entretengo limpiando la casa enseguida vuelve a desordenarse (Ropa colgada cerca de la estufa para secarse, papeles de diarios secando filtraciones, barro en cada zapatilla que alguien usa para salir afuera. No pueden usar un solo par de zapatos, no! tienen que ensuciar todas las zapatillas) el trabajo no me consuela sabiendo que debemos conseguir alquiler, y la facultad asoma sus narices obligandome a gastar el poco dinero guardado.
No se que es lo que intento contar en este post, o que intento demostrar con tantas cosas no tan buenas. Nada. A esta altura estos días me provocan la nada misma. No hay frío, no hay café, no hay películas, no hay nadie especial. Solo AGUA.
-Myself-
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